
Poema escrito en el año 1884 para Elizabeth de Austria
Te miro y te admiro a cada hora
¡Eres tan indeciblemente hermosa!
¡Oh cierto, debajo de tal hermosura exterior
está tu hermosa alma!
En cierta dulzura y melancolía secreta
de tus ojos, se oculta la profundidad.
Eres como un ángel apacible, pura y perfecta;
Como mujer pudorosa y dulce
Que nada en la tierra
de todos los males y las aflicciones
manche tu pureza.
¡Y que todo el que te vea, glorifique a Dios,
Creador de tanta belleza!
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